Testimonio Raúl López

“Mi nombre es Raúl López Tengo 46 años, nací en San Salvador, El Salvador, América Central. Provengo de una familia trabajadora, muy humilde y sencilla, así como practicante de la religión tradicional. Desde mi infancia tuve educación académica en instituciones católicas, donde se me enseñaba la mayoría de creencias y prácticas religiosas, pero sin un entendimiento profundo del por qué hacerlas.

Durante toda mi niñez y adolescencia no tenía una claridad del porqué de muchas prácticas. Simplemente las hacía por satisfacer a mis maestros que eran sacerdotes y por respeto a mis padres. Cumplí con la mayoría de los llamados sacramentos de la religión católica, sin embargo, existía en mi interior un gran vacío y sobre todo muchas dudas respecto a mi futuro eterno. Dentro de mí estaba fuertemente posicionado el pensamiento religioso de hacer buenas obras para ganar la entrada al cielo.

En el año 1999 tuve un accidente en motocicleta, donde todos pensábamos lo peor, más la gracia de Dios no permitió que pasara nada de gravedad en mi persona. Eso fue el detonante para reflexionar sobre mi eternidad. Después de eso una persona me invitó a una reunión de hogar a escuchar la reflexión de la Biblia, a lo que sin dudar acepté ir. Anteriormente me había invitado en muchas ocasiones, a lo que yo me había negado.

No había muchas personas en la reunión, solo recuerdo que cantaron cantos a Dios, hicieron una pequeña reflexión en una cita Bíblica y por último oraron. Pero cuando estaban haciendo oración, una persona me preguntó, que si yo permitía que ellos oraran por mí.  A lo que no me negué.  Las personas empezaron a invocar a Dios por mi vida y por mi salvación.

Luego salí de la reunión, y me encontré con la persona que me había invitado a la reunión, ella no había podido ir, pero estaba muy contenta que yo si había asistido. Pero algo sobrenatural había pasado en ese lugar. Sentía en mi interior una paz que nunca había experimentado en toda mi vida, era algo inexplicable, sentía que literalmente me habían quitado un gran peso de encima, me sentía tan frágil como si yo estuviera caminando sobre las nubes. Yo no entendía, pero yo sabía que algo había pasado en mi vida en ese lugar.

Luego comencé a asistir a una congregación evangélica donde predicaban y exponían las enseñanzas de las Sagradas Escrituras. Yo compré un ejemplar de la

Biblia, y Dios puso en mí, un hambre y sed de Él y su Palabra. Era tanto así, que cuando comenzaba a leerla, literalmente no dormía toda la noche leyendo la Biblia, porque cuanto más conocía y aprendía de Dios, más deseaba acabar en ese pozo del conocimiento. Dios me dio una perspectiva diferente de la vida, comencé a ver la vida como Dios la ve, también me di cuenta de mi condición espiritual y que solo Jesucristo podía perdonarme, limpiarme, transformarme. Por lo que mi respuesta ante eso fue entregar mi vida a Jesús. Ahora mi fe estaba sostenida por las verdades Bíblicas.

Algo que fue difícil para mi nueva vida de fe, fue que nadie de mi familia me apoyaba. Cuando les invité a mi bautismo, no asistieron. Existía una fuerte presión social y religiosa en mi propia casa. Sin embargo, encontré mucho consuelo y fortaleza en las promesas de Dios para seguir adelante.

Entendí que la salvación es por su gracia y solo se alcanzaba por la fe en Jesucristo y que no existe ningún esfuerzo humano para poder ganarla, tal como lo declara la epístola de Pablo a los Efesios 2:8-9. Anteriormente, en todo lo que yo hacía, buscaba agradar a Dios sinceramente, pero estaba sinceramente equivocado y perdido.

Ya han pasado más de 20 años desde lo relatado aquí y por la gracia de Dios estamos firmes en la fe. Y no tengo ninguna duda de cual es ahora mi futuro eterno, no por méritos propios, sino por lo que Jesús hizo por mí en la cruz.  Hoy en día estoy casado, tenemos dos hijos jóvenes y todos servimos a Dios en nuestra congregación local, testificando al mundo que sólo en Jesús hay perdón de pecados y vida eterna.”